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    julio 2008  
 
     


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INFORMACIÓN
Ramon Miralpeix
tel: 938790414 miralpeix@ya.com


 

Los tiempos del sujeto del inconsciente
El psicoanálisis en su tiempo y el tiempo en el psicoanálisis

Sao Paulo, Brasil - 5 y 6 de Julio 2008
V encuentro de la Internacional de los Foros
Escuela de Psicoanálisis de los Foros del Campo Lacaniano

ACTUALIDAD

Hoy la cuestión del tiempo propio al psicoanálisis nos viene de fuera. El tema nos es traído de nuevo por la actualidad del discurso capitalista, que hace del tiempo un valor mercantil como otro, ligado evidentemente al régimen de los goces contemporáneos.

Hay una gran diferencia en relación tanto con Freud como con Lacan. En los inicios del psicoanálisis fue en el seno de la comunidad de analistas donde la duración de la cura se puso en cuestión y fue objeto de debate. Cuando medio siglo más tarde Lacan quiso hacer del tiempo, no ya un dato inerte del cuadro analítico, sino un dato inherente a la relación de transferencia, manejable en la sesión en este sentido, topó con la ortodoxia de la IPA. El objeto de debate pasó a ser objeto de litigio, pero en el pequeño mundo de los analistas.

Para nosotros la interpelación es redoblada por la del discurso corriente, mucho más poderosa. Los media se han apoderado del tema, que se difunde en lo público y que informa las demandas mismas. Ser escuchado mucho tiempo en cada sesión y curarse deprisa podría ser la nueva exigencia de nuestra época. Lógico: en la medida que hoy el tiempo se compra y se vende, ¿cómo podría el consumidor no querer comprar el goce garantizado de un tiempo de sesión y pedir al analista que le venda un análisis corto?

¿Y cómo analistas que se inscriben bajo el significante del Campo lacaniano, como campo de regulación de los goces, podrían ser sordos a ello continuar indefinidamente dejando decir? En la medida que el debate interno entre la corriente lacaniana y la de la IPA no está cerrado. Y verificamos a diario como esta última, al menos en Francia, para deleitar al espíritu del tiempo, no retrocede en hacer valer como pseudogarantía su sesión larga y de duración fija – y sin más argumentación. Por otro lado ¿no hemos visto aparecer en el Campo lacaniano el tema, no menos demagógico, del psicoanálisis aplicado produciendo finalmente, tras un siglo de vanos esfuerzos, ¡“el análisis breve”! Vemos qué grande es la tentación para las políticas de Perogrullo de echarse en brazos del discurso contrario y, por temor de que el psicoanálisis desaparezca del mercado, contribuir activamente a su dilución en el campo llamado “psi”, cuya cota está en alza.

Nuestra cuestión es diferente. Está tomada entre dos escollos, o bien desconocer que hemos cambiado de mundo en algunos decenios e ignorar enormemente “la subjetividad de nuestra época”, o bien ceder en la oferta propiamente analítica en nombre de la adaptación realista, cuando se trataría más bien de precisar lo que del tiempo en el psicoanálisis no puede fluctuar en función del espíritu del tiempo.

¿El análisis, por ejemplo, puede no ser siempre largo, puesto que su longitud se mide en relación con una expectativa? Desde la época de los primeros análisis, muy cortos en realidad, algunos meses, o algunas semanas, ya se deploraba su longitud, Freud el primero, sin duda porque el modelo de referencia era la consulta médica.

Otra constatación divertida: los psicoanalistas de diversas obediencias, ellos que generalmente no se ponen de acuerdo en nada, se ponen de acuerdo sin embargo en una duración incomprensible de la cura, y podrían suscribir en lo esencial la frase de Lacan “falta el tiempo” (“faut le temps”). Están obligados en efecto a constatar que todas las tentativas de economizar sobre la duración, y las ha habido en la historia del psicoanálisis, fracasaron (piénsese especialmente en Rank, Ferenczi).

En cuanto a la duración de la sesión, por el contrario, desde que Lacan tocó este tabú, la lucha causa estragos. No es ya signo de que el analista no se tiene en verdad por responsable de la duración de la cura, mientras que en cuanto al tiempo de la sesión sabe que se trata de una opción, y que debe ser fundada…

¿El inconsciente sería el recurso? Primero habría que responder a la pregunta, lancinante a lo largo de toda la enseñanza de Lacan y siempre retomada hasta el final: ¿el inconsciente qué es? De hecho en sus debates históricos sobre el tiempo los analistas hicieron de ello argumento, pero sin que se impusiera ninguna conclusión, pues se puede decir una cosa y su contrario: que el inconsciente no conoce el tiempo, insistencia indestructible, que se manifiesta sin embargo en una pulsación temporal que le es propia (el tema es freudiano), que sin embargo hace falta tiempo para manifestarse en la sesión (tema postfreudiano) o que al contrario, trabajador nunca en huelga, todo el tiempo es para él pues no conoce los muros de la sesión (tema lacaniano). Resulta que la concepción que uno se hace del inconsciente es solidaria de la del tiempo analítico.

La cuestión abierta por este tema no es simplemente clínica.

Una clínica del tiempo es posible ciertamente, pero a decir verdad ya no hay que hacerla, pues ya ha sido bien balizada por la enseñanza de Lacan. Tiempo del sujeto que “se hystoriza” en tensión entre anticipación y retroacción: tiempo propio a cada estructura clínica, que marca con su sello la temporalidad universal del sujeto y cuya tipicidad es ya el índice de un real, según se historicen o no; “tiempo lógico” de producción de una conclusión a partir “de lo no sabido”. Producción cuya duración, incalculable, es propia a cada analizante, lo que hace pensar que por lógico que sea, este tiempo no es “nada más que” lógico, participando más bien de un real que se manifiesta en la “textura” del tiempo.

El punto crucial de nuestro tema hoy está sin embargo en otro lugar, más ético que clínico: ¿qué es lo que un análisis siempre largo puede prometer al hombre con prisa de la civilización? Efectos terapéuticos a veces e incluso a menudo rápidos, de eso no cabe duda, contrariamente a lo que se cree. Pero más allá, “el tiempo que hace falta”, según la expresión de Lacan ¿permite producir un nuevo sujeto?

Freud ya planteaba esta pregunta, interrogando en “Análisis terminable e interminable”, más allá de lo terapéutico, la posibilidad de un estado del sujeto que sólo se alcanzaría por la cura. Pero se detuvo en ese umbral. No es que desconociera que el análisis produzca sorpresas, pero para él, paradójicamente, no son el signo de lo nuevo, sino al contrario, del reencuentro, del retorno de un pasado infantil. A partir de esto lo que un análisis puede prometer mejor es la reconciliación del sujeto con lo que había rechazado al principio en la represión, o la admisión de lo que no había ni siquiera sido simbolizado y que insistía en la repetición. De ahí la extraordinaria fórmula freudiana en su ironía: llevar la desgracia neurótica a la desgracia banal.

En la opción de Lacan, al contrario, el tiempo es un posible vector de novedad. Es que no puede ser pensado sólo como estructurado por la dimensión simbólico-imaginaria que asegure la inmanencia del pasado en el presente. La cuestión de lo que compromete de real debe ser planteada, aunque disguste a Immanuel Kant, pues antes de toda promesa analítica hay que responder a la pregunta de saber ¿cómo el tiempo real de una cura toca a lo real del parlêtre?

Colette Soler
Trad. al castellano por Manel Rebollo

COMISIÓN CIENTÍFICA INTERNACIONAL

Ana Diaz Patron (Argentina - CRIF)
Angelia Teixeira (Brasil - CIOE)
Antonio Quinet (Diretor EPFCL - Brasil)
Colette Soler (França - CRIF)
Dominique Fingermann (Brasil - presidente do V° Encontro)
Luis Fernando Palacio (Colômbia - CRIF)
Marc Strauss (França- CIOE)
Mario Binasco (Itália - CRIF)
Ramón Miralpeix (Espanha - CIOE)
Sonia Alberti (Brasil - CRIF)





 
     
    octubre 2007  
 
     


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“¿El pase? lo estoy pensando, pero…”
El acto de presentarse al pase

Jornada europea sobre el pase
Escuela de Psicoanálisis de los Foros del Campo Lacaniano
Paris, 6 de octubre 2007

El pase, lo estoy pensando pero...

Este pase, “Lo he dejado a disposición de quienes se arriesgan a testimoniar lo mejor posible de la verdad mentirosa.”
Prefacio a la edición inglesa del Seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, del 17 de mayo de 1976.

Esta primera Jornada europea sobre el pase estará dedicada, como su título lo indica, a la demanda de pase. El dispositivo plantea sin duda muchas otras cuestiones que podrán ser estudiadas en otras ocasiones.

A menudo se escucha la frase: “pienso en hacer el pase pero...” es demasiado pronto para mi, aún dudo, aún no me atrevo... enunciados que claramente indican una suspensión de la certeza. Suspensión que sin embargo no es una renuncia, pero que mantiene esa decisión en un horizonte por venir. Ello es congruente con otras comprobaciones: desde el inicio, la mayor parte de las demandas de pase provienen de analistas que ejercen desde hace ya muchos años y que han interrumpido su propio análisis hace mucho tiempo.

¿Cómo no pensar entonces que las demandas de hacer el pase, como toda otra demanda, están, al menos en parte, en función de la oferta? De la oferta implícita que hacen los cárteles, por un lado, por sus nominaciones, y, por el otro, por sus elaboraciones. Interrogarse por las demandas supone pues interrogarse solidariamente por las expectativas de los cárteles. Podemos entonces formular la hipótesis siguiente: el pase quizás no se encuentre a la disposición de las mismas demandas según que apunte al análisis terminado, a la efectuación del acto a largo plazo, o más bien a un progreso en el análisis mismo en lo referente a la “verdad mentirosa”.

Sabemos que Lacan, al crear su pase, esperaba que hubiera pasantes que aún estuvieran en el momento de resolución de su análisis, antes de que se precipitaran en la práctica, como pudo expresarse en diversas ocasiones. Podemos así decir que su primera idea no consistió en captar el acto analítico en tanto tal, que por otra parte sólo puede ser ubicado en el tiempo a posteriori, puesto que sólo puede verificarse a través de sus consecuencias. Esperaba pues más bien captar lo que hace posible el acto, antes incluso de que pueda confirmarse. ¿Es posible? Esta Jornada europea podría poner nuevamente sobre el tapete este interrogante.

Colette Soler, 27 de marzo de 2007

Comisión de organización
Francia: COE (Sol Aparicio, Olivia Dauverchain, Colette Soler) y Nadine Naïtali
España: Rithée Cevasco, Lola López
Italia: Fulvio Marrone


 
 

  enero 2006

 
 
     


 

Jornadas de la EPFCL-F4 [Madrid]
Jornada de la Escuela de Psicoanálisis de los Foros del Campo Lacaniano, Foro de Andalucía Occidental, Foro de Asturias, Foro del País Vasco, Forum Psicoanalitic Barcelona

QUE RENUNCIE QUIEN NO PUEDE ACERCAR A SU HORIZONTE LA SUBJETIVIDAD DE UNA EPOCA
Avatares del acto psicoanalítico en la clínica de hoy

El acto psicoanalítico: en él se hace un psicoanalista, por él se distingue de un psicoterapeuta, con él se implica al paciente como Sujeto de un inconsciente. Sin él, fuera del acto psicoanalítico, sólo hay la variedad de intervenciones que resultan de la subjetividad del terapeuta, o de su utilización de los tópicos de una doxa… cuando no actuaciones en las que el terapeuta se revela movido por las mismas pasiones que su neurótico paciente, o tan temeroso y defendido como él de sus pulsiones.

Lacan introdujo el acto psicoanalítico, dedicándole un Seminario entero (1967/68) —aún inédito en castellano— en un esfuerzo de rigor: encontrar “la lógica, con sus paradojas, que gobierna la ética que se inaugura con el acto psicoanalítico”. Etica que anteriormente, desde el Seminario sobre la Transferencia (1960/61) había explorado en el “deseo del psicoanalista”; lógica que terminará de formalizar como “discurso del analista”, un año después, desde el Seminario El reverso del psicoanálisis (1969/70).

Pero quien inventó el acto psicoanalítico fue Freud, a quien Lacan y todos los psicoanalistas de ayer y de hoy, lacanianos y no lacanianos, debemos ese acto inédito que subvirtió al Sujeto del siglo, permitiéndole la conquista de su deseo inconsciente: fue renunciando a la sugestión; desde la humildad de un decir sin referencias previas.

El Acheronte movebo del acto de Freud abrió el saber del inconsciente al Sujeto, ese Sujeto que se ignora en el saber de las huellas de su historia, ese saber que trabaja en la repetición inconsciente a expensas del Sujeto: es la dimensión del Sujeto y del saber que la Ciencia excluye, por muchos conocimientos que extraiga de la biología del viviente. Pero la Ciencia no objeta al saber del psicoanálisis. Los nuevos hallazgos de la genética y las neurociencias cuestionan toda idea de determinismo biológico y dan lugar a interacciones contingentes. El efecto de lenguaje, que hace nacer al Sujeto en el viviente humano, la Ciencia no lo desdeña, aunque no sepa como opera en él.

Lo que hoy más que nunca cuestiona el acto psicoanalítico e invita a los psicoanalistas a transmitir los avatares en los que opera, es la incidencia del discurso capitalista en la clínica del Sujeto: aquello que le resulta imposible de soportar del síntoma que le hace disidente de los imperativos neoindividualistas que le dominan. En esta Jornada de la EPFCL, estudiaremos la incidencia del acto psicoanalítico en sus avatares -siempre sorpresivos- en los Sujetos de hoy: las suertes de esa respuesta otra que la de las psicoterapias.

Comisión científica
Manuel Baldiz, Carmen Gallano, Carmen Lafuente, Clotilde Pascual, Mikel Plazaola, Maria Inés Rosales, Joan Salinas



 
    octubre 2005  
 
     
    Jornadas europeas de la EPFCL   —  [París]

 

 

El parentesco en cuestión
Filiación, adopción, nominación

El parentesco se encuentra hoy en cuestión en la civilización, y son incontables los libros y trabajos que se le dedican, sin olvidar las polémicas suscitadas por sus numerosas reformulaciones en nuestra civilización de la ciencia.
Para el psicoanálisis, se trata de una cuestión de origen.
Al afrontar los síntomas e interrogarse sobre sus causas, el psicoanálisis no pudo menos que escrutar los efectos de las figuras parentales. El asunto de la transmisión entre generaciones, tanto en lo que tiene de constituyente como en sus accidentes, le es coextensiva. Comienza por Freud con la teoría de la seducción, continúa con el complejo de Edipo como complejo nuclear de las neurosis, y lo encontramos hasta en las últimas reflexiones sobre el monoteísmo. También en Lacan, incluso antes de sus aportes específicos de los años cincuenta, su texto de 1938 Los complejos familiares en psicoanálisis ligaba las diversas patologías a las etapas y configuraciones de la vida familiar. Luego fue la metáfora paterna con su poder separador, luego el padre como excepción lógica, y finalmente, con el nudo borromeo, la función nominante.
Sin embargo, sobre estas cuestiones, el psicoanálisis no hace más que tomar el relevo de los sujetos mismos, al menos de aquellos que entran en su dispositivo. Al ser invitados a hablar libremente, sin censura, cada cual no puede hacer menos, incoerciblemente, que hablar de sus padres y madres, de su presencia o de su ausencia, del misterio de su unión, de las coyunturas de su nacimiento, de la acogida que se le dispensó, de lo que le fue acordado, rechazado, o impuesto, etc. Es lo mismo que decir que un postulado implícito lo lleva a buscar las llaves de su ser y de sus sufrimientos en la, o las, generaciones que le han precedido. Paralelamente, desde que Freud descubrió lo que llamaba "la novela familiar del neurótico", sabemos que los pequeños sujetos, imaginativos, se inventan unos padres a la medida de sus anhelos cada vez que no logran "adoptar" subjetivamente a quienes los engendraron.
Es un hecho demasiado masivo como para no ser central. Condujo al psicoanálisis a interrogar el lazo del inconsciente generador del síntoma con la historia individual, y pues al legado familiar, a la pareja de los padres y en especial a su deseo sexuado. Sin ninguna duda algo pasa entre las generaciones, siendo la cuestión poder precisar cuál es su naturaleza. Muchas son las fórmulas que se han ido depositando, de Freud a Lacan, desde las identificaciones edípicas presidiendo la defensa y los valores ideales, hasta el discurso del Otro y el deseo como deseo del Otro. Pero no por ello la teoría del síntoma puede ir en la cuenta de un familiarismo cualquiera. ¿Como se podría por lo demás rectificar el goce de un síntoma cuya causa fuese anterior al sujeto? Aquél tiene sin duda algunos amarres en el Otro, pero este Otro no responde de su síntoma ¿y cómo podría hacerlo, él, que nada sabe del goce, real?
¿Se trata más bien de saber cuáles son, si las hay, las condiciones generacionales de lo que Lacan llamaba en un tiempo "la humanización del deseo", o sea, de una sublimación de las pulsiones que permita a un sujeto inscribirse en un lazo social vivible, en donde sus propias capacidades de acción, de creación y de amor puedan llegar a satisfacerse?

La evolución de nuestra actualidad reaviva esta cuestión y quizás nos invita a renovar el planteamiento. La época está por la paridad, eso resulta patente, y toda disimetría instituida es juzgada como reaccionaria. La legislación lo refrenda en todos los niveles: poder parental, patria potestad, patronímico, etc. Sin embargo las exigencias subjetivas y las nuevas prácticas no siempre son homogéneas.
El que la ciencia se inmiscuya en los procesos de reproducción (la inseminación artificial, FIV, sin hablar de las madres portadoras aún no legalizadas en nuestro medio) permite ciertamente acudir en ayuda de la fecundidad, pero implica la disyunción, inédita en la historia, del engendramiento de los cuerpos y del acto sexual.
El control de los nacimientos hace posibles y efectivos los embarazos que se quieren sin padre, sean o no fruto de la ciencia. La célula elemental del parentesco se reduce entonces a la "ponedora" (pondeuse), como dice Lacan, y a su o sus productos. Elisión pues de la filiación simbólica, en provecho de la sola dimensión biológica de la reproducción, y exclusión no solamente de la función de padre sino del genitor mismo. En este punto la práctica contradice masivamente la ideología de la paridad, asegurando más bien una dominación casi total de lo que Marcela Iacub denomina con razón "El imperio del vientre".
Por otro lado, los matrimonios y sobre todo las adopciones de parejas homosexuales instauran un parentesco puramente simbólico, pasando solamente por el deseo de un niño, pero postula con ello que el parentesco puede definirse sin hacer referencia a la pareja sexuada. Paralelamente, los tests de ADN de paternidad imponen a los genitores deber asumir lo que se piensa como una función de padre reducida, es cierto, a su aspecto social y financiero más fáctico.
Es lo mismo que decir que los árboles genealógicos ya no son lo que eran: siempre hubo, desde luego, sujetos por fuera de la filiación, y pues sin herencia simbólica, niños abandonados, hoy nacidos de X, pero el fenómeno ha tomado una nueva extensión: imposible sostener, como hacía Lacan en 1958, que la familia conyugal es "el residuo último de la fragmentación de los grupos sociales", y menos aún que el intercambio de mujeres sea el fundamento de nuestras sociedades, tal como lo retomaba de Levi Strauss.
Hoy la reproducción ya no exige una pareja, el genitor es elevado a padre, la pareja parental no toma en consideración la diferencia de los sexos, y más aún, la familia prescinde de la pareja, lo que la adopción concedida a solteros sanciona en el plano jurídico. Todo esto, junto a la movilidad por no llamarlo inestabilidad de las uniones así como de las familias, constituye una nueva situación.
Vemos por otra parte que en estos acelerados reajustes, nuevas cuestiones salen a la luz. ¿Los sujetos tienen derecho a saber quién es el donador cuando nacieron por inseminación, o quién era la madre portadora, o quién era la parturienta cuando nacieron de X, y los genitores cuando fueron adoptados? Estas cuestiones, estas exigencias en ascenso, que no reciben por el momento las mismas respuestas en los distintos lugares, y que todas ellas reducen la filiación al engendramiento, manifiestan claramente, sin embargo, que la búsqueda de la identidad subjetiva pasa imperativamente para cada cual, por una interrogación sobre el origen, lo que no debe sorprender a los psicoanalistas.

Más que nunca se plantea la cuestión de medir hasta dónde ha llegado el psicoanálisis desde hace un siglo en el tratamiento de esta cuestión. La primera respuesta por el Edipo freudiano era sin duda solidaria de la familia de base conyugal. Las metamorfosis contemporáneas permiten medir mejor sus postulados implícitos, que son tres. Ella inscribía el engendramiento de los cuerpos en la serie de dos estirpes simbólicas; las dos figuras mayores, padre y madre, calcaban la división de los sexos; y finalmente en tercer lugar, ella hacía disimétricas las funciones paternas y maternas, haciendo de la madre el objeto primordial de la libido, y del padre el representante de la prohibición. Anudamiento pues de lo biológico y de lo simbólico, del parentesco y del sexo, de la ley y del deseo. Sabemos de qué modo este último rasgo es hoy denunciado como conservador por parte de la ideología paritaria, que lo reprocha tanto a Freud como a Lacan, olvidando (¿ignorancia, mala fe?) que más allá de su retorno a Freud este último se entregó a fundar una puesta en cuestión del Edipo que, según decía, "no puede estar indefinidamente en el cartel". Se puede seguir a lo largo de sus cerca de veinte años de seminario el camino que lo condujo de un elogio de la familia conyugal en la que se aloja el Edipo de Freud hasta una puesta en cuestión progresiva pero contínua de este Padre edípico, el cómico "perorante-Után" (pérorant Outang), como lo dice en El atolondradicho, hasta la afirmación de que el valor de la familia merecería ser puesto en cuestión, y hasta el esfuerzo por diferenciar las configuraciones sociales históricamente contingentes de las condiciones simbólicas y reales de la humanización del deseo.

Así pues, preguntas de hoy:

–¿Hasta donde, a la vista de lo que se desprende del discurso privado de los inconscientes, podemos desunir la diferencia sexual de aquello que se transmite de estructuración subjetiva de una a otra generación?

–¿Cómo los deseos sexuales repercuten en la acogida que se hace al niño? Tal como lo muestran las experiencias de hospitalismo, ni los buenos cuidados del cuerpo, ni siquiera el calor del afecto bastan, porque no pueden sustituir la acogida en un deseo no anónimo y que lleve la marca de un interés particularizado. La cuestión es entonces saber ¿cómo y hasta dónde este deseo se revele o no función del sexo, del aquel del niño, pero también del de los padres?

–¿Cómo definir sin el mito edípico la función paterna y la función materna, siendo además que la época tiende a homogeneizar los roles sociales?

–Lacan promovió un más allá del Edipo, pero no un más allá de la castración que, ella, no es un mito sino un dato que se demuestra ineludible en la experiencia analítica. A partir de ahí, la disparidad de los sexos en lugar de ello, ¿no es quizás el punto de objeción irreducible a los progresos de la paridad –por otra parte muy legítima– en el campo social?

–Siendo sustituible el nombre del padre, queda por definir la función única que sostiene lo plural de sus nombres, y que permite pasar de este nombre, según la tesis que Lacan opone al Edipo de Freud en 1975. Si es una función de nominación, un decir que nombra, ¿cuáles son sus diversos modos: decir del padre, madre que nombra, nominación por lo social, auto-nominación…?

Colette Soler, 5 de enero de 2005

Comité científico

Mario Binasco, Josée Mattéi, Diego Mautino, Carmen Lafuente, Viviana Bordenave, Frédéric Pellion, Colette Soler


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    noviembre 2004  
 
     
    Jornadas La psicoanàlisi i les psicoteràpies

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(...)
En el decurs de la seva història, la psicoanàlisi va buscar diferents solucions a aquesta aporia: separar psicoteràpia psicoanalítica i psicoanàlisi, separar psicoanàlisi pur i psicoanàlisi aplicat, diferenciar psicoanàlisi terapèutic i didàctic. Tot i que hem avançat en el tema, encara no està resolt del tot i per això ens continua convocant, a tots els analistes, a la reflexió. Més enllà dels interrogants que planteja als qui practiquem la psicoanàlisi, el tema comporta una dimensió ètica que interessa no només als psicoanalistes sinó també als diferents agents socials i, fins i tot, a la ciutadania en general –ho sàpiguen o no– perquè es tracta de l'ús ètic que es dóna al poder de la transferència sobre el subjecte que demana ajuda, tractament o teràpia; la dificultat rau en la no utilització d'aquest poder amb finalitat de domini, explotació i control social, sinó al servei de l'emancipació del subjecte.
El descobriment de l'inconscient freudià va permetre elucidar que només aquelles praxis que, de manera implícita o explícita, mantenen una referència al desig inconscient i a la seva marca particular per a cada subjecte, poden apuntar a una resolució dels símptomes i, per tant, a la sortida de les demandes que no impliquin la submissió als ideals de l'altre, o a una normalització que suposi portar-los a "marcar el pas" i que els permeti evitar caure en el redoblament de l'alienació de cada individu, fins a fregar la frontera amb les relacions més sectàries possibles. Només cal llegir Psicología de las masas y anàlisis del yo (Freud, 1921) per a adonar-se'n que això pot passar en totes les relacions transferencials, fins i tot en aquelles que actuen amb "bones intencions", perquè sabem quins mals que s'han produït sempre en la humanitat en nom de les bones intencions i de la recerca del bé del subjecte. El fet que la sortida de la impotència i l'exclusió impliquin que sigui, necessàriament, per la identificació i pel sotmetiment als models imperants, acostuma a ser un fantasma neuròtic. La psicoanàlisi permet plantejar a un subjecte el fet d'assumir la seva diferència radical sense haver de renunciar a unir el seu destí personal amb "l'obra humana" del seu temps.
(...)

Comissió científica
Manuel Baldiz, Ana Martínez, Josep Moya, Núria Rivera
Comissió d'organització

Mª Josep Cortiella, Francisco García, Josep Monseny, Dolors Tobar

BCN 2004 - 27 i 28 de novembre
organitzades amb ACCEP (Associació Catalana per a la Clínica i l'Ensenyament de la Psicoanàlisi)


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    octubre 2003  
 
     
    Jornadas Clínica de la violencia

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La violencia es siempre un fenómeno intrínseco al proceso mismo de civilización, pero ¿podemos afirmar que hoy se manifiesta mayoritariamente bajo nuevas formas sintomáticas: pasajes al acto en vez de elaboración simbólica o tratamiento imaginario de lo traumático, violencia que retorna sobre el sujeto mismo bajo la forma de conductas de autodestrucción, trastornos mórbidos ligados a la pulsión oral... etc?
Existen hoy particulares formas de violencia en el terreno doméstico, o ¿más bien asistimos a una denuncia de ese tipo de violencia bajo el peso de la crítica de la dominación masculina en las sociedades occidentales?
Como analistas debemos interrogarnos por esas nuevas formas de presentación del síntoma y del malestar, intentando proponer hipótesis para la comprensión del fenómeno de la violencia en nuestra sociedad que incluyan al inconsciente. El saber analítico es un instrumento para interrogar las lógicas inconscientes subyacentes a lo que puede ser identificado como "síntomas sociales", y puede aportar propuestas sobre lo que sería la particularidad del estado de violencia en nuestra civilización actual.
Estas Jornadas se plantean como un intercambio de experiencias y un debate sobre cuestiones clínicas y éticas dirigido a todos aquellos que, psicoanalistas o no, están concernidos por los efectos de lo que serían esas nuevas formas de violencia.

Comisión Científica

Rithée Cevasco, Carmen Lafuente, Josep Monseny, Josep Moya.
Comisión Organizativa
Xavier Campamà, Francisco García Llorens, Eva León, Rosa Miracle, Nuria Rivera.

BCN 2003 - 4 y 5 de octubre

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